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Isla de Sálvora

¿Sueñas con una isla desierta y playas vírgenes? Pues has llegado al sitio correcto.

La isla de Sálvora es una de las islas del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia, frente a la costa de Ribeira (A Coruña). El acceso está regulado y normalmente se realiza mediante navieras autorizadas o visitas organizadas. No funciona como un barco convencional con servicio diario durante todo el año, lo que la hace todavía más especial…

Un poco de historia

Aunque los pueblos primitivos y protagonistas de la historia antigua (celtas, romanos, suevos…) llegaron a extenderse por toda Galicia, no existen datos ni estudio de asentamientos ousos en esta isla por entonces. Algunos restos encontrados en los arenales de Sálvora dan fe del paso de estos navegantes pero no testimonian su visita a la isla. Así, la historia conocida de Sálvora comienza a finales de la Alta Edad Media en la que, formando parte de la corona gallego-asturiana, fue donada por Alfonso II el Casto a la Iglesia de Santiago.

Algunos hablan de una iglesia en la isla, pero no existen evidencias ni restos que la identifiquen.

Entrando en la Baja Edad Media la isla se utilizó como campamento base de ataques invasores: vikingos, sarracenos… lo que hizo imposible una población estable. Cuando cesaron las luchas y la calma se impone en la ría, gentes de la costa se desplazaron a Sálvora para provecho de sus tierras. La Iglesia, en este momento (mediados del siglo XVI) entregó la isla como coto a Marcos Fandiño Mariño.

Su administración y la de sus herederos, hasta principios del XVII, se basó en un régimen feudal en el que los pobladores entregan parte de las cosechas y del ganado nacido en la isla al “amo”.

Tampoco existe en la isla testimonio del paso de los ataques piratas del XVII-XVIII, pero sí tuvo reflejo en ella ela uge comercial y pesquero de la época: se instaló una fábrica de secado y salazón de pescado conocida como“ O Almacén” y se desarrolló una pesquería de atún en 1789 a la que se concedió uso exclusivo de la isla y de cuatro leguas alrededor de ella, lo que generó duros enfrentamientos con marineros de la zona.

Estas empresas hicieron que gentes de la costa poblaran la isla. Las familias se agruparon en la “Aldea” y en algunas casas convivieron varias generaciones. Vivieron sin iglesia ni escuela, pero los fareros fueron buenos maestros. Cultivaban maíz, centeno, patatas y cada familia tenía 7 u 8 vacas más ovejas, gallinas y conejos; todo para autoconsumo. Ejercieron la pesca, a bordo de sus dornas, que estaba sujeta a reparto con el amo y que fue su fuente de ingresos. El único bar, al lado de la fábrica de salazón, era lugar de encuentro y noticias de la costa.

El actual pazo de Goyanes se construyó sobre la antigua fábrica de salazón de la que conserva las rampas de acceso al almacén fábrica de salazón.

En 1820, Isabel de Mariño, heredera de la isla, se casó con Ruperto Antonio de Otero y con ellos la saga de los Otero se convirtió en los nuevos propietarios de Sálvora.

El Estado expropió la isla a los Otero en 1904 por motivos de defensa nacional, y mantuvieron en ella una pequeña dotación militar hasta 1958. Mientras duró su estancia los pobladores pasaron a ser colonos del Estado sin contraprestaciones, lo que les permitió mejorar su vida: sus casa, nuevos establos, mejores embarcaciones…

El naufragio del Santa Isabel

Ocurrió en la madrugada del 2 de enero de 1921, frente a la isla de Sálvora. El barco hacía la ruta A Coruña–Cádiz y transportaba pasajeros y tripulación. En medio de un fuerte temporal, embarrancó contra los bajos de la zona de Pegar y Filla, cerca de Punta Besugueiros. La tragedia fue enorme: 213 personas murieron y 56 sobrevivieron.

Lo extraordinario fue que tres jóvenes de Sálvora, María Fernández, Cipriana Oujo y Josefa Oujo, salieron en pequeñas embarcaciones y, pese al temporal, participaron en el rescate de los náufragos arriesgando sus propias vidas. Una cuarta mujer ayudó a atender a los supervivientes en tierra. Son conocidas como las Heroínas de Sálvora.

El naufragio tuvo además consecuencias importantes para la isla: se construyó un nuevo faro en 1921, en el mismo entorno, después de la tragedia.

Hay un detalle bastante sobrecogedor: en Punta Besugueiros todavía existen restos de un pequeño monumento dedicado a Carlos Verdier y Escobar, un joven que murió en el naufragio.

Cuando el ejército se retiró, los antiguos propietarios recuperaron la isla pero los isleños iniciaron el despoblamiento con motivo de mejores trabajos en la costa. Los propietarios de la isla introdujeron animales (conejos, caballos y ciervos que aún se encuentran en la isla) para ejercicio de la caza, que malograban las cosechas.

Los últimos habitantes abandonaron la isla a finales de los años 70. Los propietarios se instalaron en la antigua factoría “O Almacén”, que rehabilitaron como pazo, y transformaron la taberna cercana en su capilla. Usaban la isla como coto de caza hasta que esta actividad fue prohibida por la administración.

En marzo de 2007, la familia acordó vender Sálvora y los islotes de Noro y Vionta a Caixa Galicia por 8,5 millones de euros.

Caixa Galicia quería desarrollar allí su proyecto ambiental Fondo Natural, con investigación, educación ambiental, cultura y visitas organizadas pero el Estado tenía derecho de tanteo porque Sálvora ya estaba dentro del Parque Nacional das Illas Atlánticas así que el Ministerio de Medio Ambiente decidió ejercer ese derecho y compró el archipiélago por los mismos 8,5 millones de euros. La operación se formalizó en octubre de 2008 pasando a formar parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas junto a Cíes, Ons y Cortegada.

Qué ver en la isla

La Aldea: Situada hacia el noreste, por encima de Punta de Pernaprada, está este poblado ya en ruinas. Las casas, de planta baja, comparten medianeras y muchas conservan una pequeña terraza de entrada. Dejan un espacio central al que miran todas, como patio de uso comunitario. Compartían también el uso de hórreos, de los que aún se conservan unos ocho, y dos molinos – uno cerca del faro y otro tras la playa del pazo- que se usaban ocasionalmente cuando el mal tiempo no permitía llevar el cereal cultivado en las dornas hasta Castiñeiras, en el continente, para su molienda. En su interior, la estancia mayor se corresponde con la cocina-comedor en las que había hogar y horno. Se localizan establos bastante modernos y dependencias para los aperos en zonas compartidas de la aldea. Todo un ejemplo de vida en comunidad.

Hórreos: Existen dos hórreos situados en la entrada a la Aldea. Son hórreos tipo celeiro con la base cerrada y construidos en piedra. Portan cruces y pináculos como adorno en sus tejados a dos aguas. Los hórreos de Sálvora nos hablan de mucho trabajo y buenas cosechas.

Fuente de Santa Catalina: A unos 100m. antes de la aldea, por el camino que lleva a ella, existe esta fuente en la que se puede leer “Agua virtuosa da Salud y Fuerza”. Fue construida con material del antiguo faro y versa sobre ella leyendas de un túnel bajo el mar que comunica con la costa cercana.

El Faro: El primer faro se construyó en 1852 en Punta Besugueiros, como faro de cuarto orden , con luz blanca y roja hasta las 10 millas. Anexaba unos cuartos para los fareros y almacén y la torre era hexagonal con pequeño balcón y torreón. Funcionó primeramente con aceite y después con petróleo.

El segundo faro, en el mismo lugar, se inaugura tras el naufragio del Santa Isabel en1921 y será de tercer orden. Se realiza una última reforma en 1954, incorporando grupos electrógenos, baterías y almacén. Hoy día funciona con placas solares y la atención de los pocos fareros que quedan en España.

El muelle se hizo para dar servicio al faro y los fareros,en la playa del Almacén. Tiene buen abrigo y calado.

Pazo de Goyanes: Construido sobre el antiguo almacén de la fábrica de salazón, consta de dos torres de tipo palaciego y porta varios escudos heráldicos. Frente a la entrada principal se sitúa la capilla, antigua taberna de la isla, y un poco más al norte un hermoso crucero con imágenes labradas en piedra.

Sirena de Sálvora: En la playa del Almacén se erige una escultura de piedra conocida como “ Sirena de los Mariño”. Cuenta la leyenda que un caballero romano llamado Froilán llegó a la isla de Sálvora y encontró allí a una misteriosa mujer de extraordinaria belleza. Era una sirena.

El caballero se enamoró de ella y consiguió llevarla consigo. La leyenda dice que la sirena era muda y que Froilán consiguió que recuperara el habla mediante un ritual. Se casaron y tuvieron descendencia, un hijo llamado Mariño. De esta unión surgiría el linaje de los Mariño, una familia noble gallega que durante generaciones estaría vinculada a la isla.

Joaquín Otero Goyanes, Marqués de Revilla, mediante esta obra quiso perpetuar su memoria. La ejecutó el notable escultor de Burgos Ismael Ortega Martín. Año 1968.

Cómo llegar

A diferencia del resto de islas, Sálvora no cuenta con barco regular y la única forma de llegar a ella es mediante una excursión organizada.

Hay varias compañías que gestionan salidas desde Bueu, O Grove, Ribeira… En este caso la propia naviera gestiona la autorización de acceso al Parque Nacional.

La que yo hice y recomiendo es la excursión que incluye Ons y Sálvora en el mismo día con Piratas de Nabia.

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